Amor 2012 Michael Haneke

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“Amor y extrañamiento” según Michael Haneke

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DE AMOR Y MUERTE

“Amor y extrañamiento” según Michael Haneke

Por: EL PAÍS | 09 de febrero de 2013

Artículo publicado en el blog de El PAÍS “versión muy original”

* ADVERTENCIA Este post no es recomendado para quienes no hayan visto Amour, de Haneke, porque el autor reflexiona a partir de su final.

Por MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN

De pronto, la situación que estamos contemplando en la pantalla, se invierte. De la dedicación, la generosidad y la comprensión de la pareja, se pasa a un comportamiento violento, inesperado. El amante coloca una almohada sobre la cara de la amada, y la asfixia con cuidado, casi con delicadeza. Momento inesperado, digo, pero no falto de lógica. Me estoy refiriendo a la escena –un solo plano sostenido, insostenible- en que el protagonista acaba matando aquello que más quiere: su mujer, enferma incurable y sufriente. Y la película es Amour,la última entrega del director Michael Haneke a sus incondicionales espectadores, entre los que me encuentro.

amour movie

En ciertos aspectos, el trabajo cinematográfico de Michael Haneke se parece al método que los antropólogos llaman “extrañamiento,” al obligar al espectador a contemplar los hechos que suceden ante él como si fueran las prácticas sociales de algo lejano, desconocido, como si se tratara de una familia que no fuera de nuestra tribu – léase civilización. Y sin embargo, su comportamiento es tan habitual, cotidiano, reconocible, tan parecido al nuestro que diríamos que somos nosotros mismos.

La pareja protagonista de Amour – encarnada por Emmanuel Riva y Jean-Luis Trintignant- habita de manera prácticamente solitaria su hermoso piso parisino, que poco a poco se va transformando ante nuestros ojos en una guarida, en una madriguera-escondrijo. Y sin embargo es el mismo piso, con los mismos muebles, el mismo piano de cola y el mismo servicial portero.

Todo es igual y, a la vez, distinto.

Haneke nos coloca siempre es una situación difícil, justamente porque todo permanece en la normalidad, y advertimos lo terrible de la norma, la crueldad del modelo-patrón.

En la película Amour no hay música de acompañamiento, las imágenes se nos dan en crudo. La única música que suena es la diegética, es decir, aquella que se interpreta en escena, ante la cámara, en el piano del salón. Y se trata de la Bagatela de Beethoven y de un impromptu de Schubert que, de puro delicado y sensible, acaba por sonar terrible. En Haneke, la misma composición musical puede vaciarse de sentido sin cambiar su sonido. Quizá -al menos para mí-,  esa sea una de las cosas más terribles de sus películas, como tuvimos ocasión de comprobar en La pianista.

Ahora Haneke la emprende con Cosí fan tutte, la ópera de Mozart con libreto de Da Ponte. Es una historia anterior a la fijación literaria del amor romántico –por más que siempre el amor haya sido romántico, desde el rapto de Elena por el príncipe Paris. Pero aquí no se trata de que el sentimiento justifique todo lo demás, sino de un amor más ligero, más conspirativo, más desvergonzado, y por lo tanto, más melancólico. Todo pasa y todo queda.

Amor-2

Haneke presenta la acción de la ópera como una representación en un palacio dieciochesco, en el que personajes actuales se visten para hacer teatro, cantar e intercambiar parejas. Al fin y al cabo, no hay por qué tocar el texto –tantas veces censurado y retocado en otro tiempo-  para que la mirada descubra la intención.

Conociendo la importancia que tanto el director musical, Sylvain Cambreling, como el director de escena conceden a las escenas de conjunto, vamos a estar ante una verdadera comedia de salón. Toda la acción, además, se acentúa porque Haneke la desarrolla apretadamente en unas horas: desde el atardecer y la larga noche hasta la madrugada en que cada oveja vuelve con su pareja.

Haneke ensaya mucho con sus actores cantantes, sometidos a una gran disciplina actoral. Tras más de un centenar de audiciones para elegir los cantantes, se ha elegido un reparto joven, acorde con lo que sucede en escena. Haneke se vale de un storyboard, como en el cine, para fijar las posiciones de los actores en el escenario, aunque el ritmo y los tiempos los marque la música. Una labor minuciosa, con ensayos más largos que lo habitual, agotadores, según algunos.

El amor y los juramentos de lealtad se ven puestos a prueba por una apuesta entre amigos, que se convertirá en un juego peligroso. Se ven con distancia la honestidad y las promesas, la fidelidad y el amor romántico. Lo más perverso es precisamente que hay un final feliz, y no una catástrofe de celos. Todos se casan como si aquí no hubiera pasado nada.

Siempre dicen que Cosí fan tutte es una defensa de la tolerancia y el perdón. Su desarrollo final parece más bien parece un ejercicio de diplomacia y de componendas mutuas. El disimulo es el sinónimo blando del perdón.

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