Jeune et Jolie, François Ozon (2013)

Jeune et Jolie, François Ozon (2013)

http://www.filmaffinity.com/es/film258921.html

Al cine francés parece que le interesa el sexo, o la adolescencia. Acabo de ver la última película de François Ozon (2013) Jeune et Jolie interpretada por la modelo Marine Vacth (Isabelle). La exploración recorre el filo de la navaja del amor/sexo y de la adolescencia misma, como paso a la madurez y momento muy inestable para el sujeto/subjetividad.

A mi parecer, la apuesta fílmica de Ozon tiene algunos efectos interesantes. Por una parte, vacía al sexo de todo contenido, casi que podría decirse que lo desencarna, quizá al transformarlo en una forma de inteligente accésit al poder. Esto produce ambigüedad en quien mira desde la sala, pues casi obliga a revisar la dualidad de género (masculino/femenino) y a repensar el significado de la sexualidad. La película permite muchas lecturas pues no es estrictamente una reflexión sobre la prostitución o el sexo comercial aunque esta cuestión del sexo/capitalismo está en el film (Isabelle es de clase alta y sus tarifas son también para hombres de esa clase).

Pero la película no es sólo eso, pues paralelo a lo que vemos, oímos 4 canciones románticas de François Hardy que funcionan como un para-texto y finaliza con “Je suis moi” (http://www.lyricsmode.com/lyrics/f/francoise_hardy/je_suis_moi_lyrics.html) quizá una declaración de principios para comprender la película. También el poema de Rimbaud Nadie es serio a los 17, que se debate en el aula del Instituto donde estudia Isabelle, parece una clave para interpretar la película en relación a la transgresión sexual de Isabelle. Puede que incluso de sentido a la película lo que propone Rimbeau (no olvidemos que el poeta muere a los veinte años) en «Yo es otro», donde decía que el poeta debe hacerse «vidente», y que la única forma de lograrlo es por un «largo, inmenso y racional desarreglo de todos los sentidos» (Wiki). De esta manera la intervención del psiquiatra que trata de medicalizar o “racionalizar” el comportamiento de Isabelle (y que por cierto Isabelle paga con el fruto de su trabajo sexual), queda desactivada o pierde poder explicativo cuando trata de indagar sobre el padre.

Inquieta, o al menos a mí me ha producido esa emoción, ver que Isabelle (17 años) aprecia la ternura de uno de sus clientes, frente a las otras relaciones tan crudas que muestra el film, pero, a la vez, su recorrido tiene que ver con un camino poco “entrañable” aunque, eso sí, que la empodera y, sobre todo, quizá, la hace visible ante los demás, la convierte en sujeto, quizá un sujeto tentador o que atemoriza por su temprana transgresión sexual, pero que se hace muy visible de esta forma, casi que así emerge, por erupción sexual, a sus 17 años, después de vivir de manera disociada su primera relación sexual (filmada con una crudeza que conmueve).

Os animo a verla y a intercambiar pareceres.

(Lo que os comento recoge las ideas que surgieron, entre cañas, con mis colegas Maru Trujillo y Mari Luz Morante)

Rosa María Medina Doménech

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