10.000Km (2014, Carlos Marqués-Marcet )

El otro día os mandé la noticia de Michelle Perrot en las Jornadas de Memoria de las mujeres en Baeza, lo que no os conté es que impartió una conferencia sobre Simone de Beauvoir que algunas encontramos muy “sartrocéntrica”. La cuestión sobre la influencia de su vida afectiva más amplia que incluyó como es sabido a otros hombres y algunas mujeres con las que también mantuvo relaciones intelectuales y afectivas complejas, quedó relegada en el relato de Perrot que defendió con mucha fuerza la influencia de Sartre y la supuesta decisión vital sin quebrantos de Beauvoir por Sartre . También entre las asistentes se generó debate pues algunas pensaban que quizá éramos nosotras (y no la propia vida de Beauvoir) las que deseamos leer su vida en términos menos Sartrocéntricos . Queda para la reflexión aunque películas como Violette (2013, Martin Provost http://www.filmaffinity.com/es/film189204.html ) que acaban de estrenar indiquen que también otros amores pudieron influir, incluso en su propia producción teórica. Habrá que verla pronto.

El debate se me quedó rondando, y viendo 10.000Km (2014, Carlos Marqués-Marcet  http://www.filmaffinity.com/es/film829961.html ), premiada película del Festival de Málaga, me di cuenta de los efectos que produce, en quien lee o visualiza, un relato centrado en el amor a sólo 1. La película fuerza visualmente este efecto pues relata la historia de una pareja hetero que lleva una larga relación y que ha decidido tener un hijo, hasta que una oportunidad laboral para ella les separa. La cámara es asfixiante y confieso que salí con la sensación de ¡uff! no sé si quería pasarme dos horas metida en un mundo tan claustrofóbico y donde la relación entre ellos transcurre desprovista casi completamente de otras redes afectivas. El director apuesta por esta narrativa “parejo-céntrica”, muy lejana de la de los “niditos de amor”, y usa la táctica de dejar fuera de plano a cualquier otro personaje que permitiera mayor diversidad afectiva ys salir del “exclusivement à deux”.

Pero la peli merece la pena. No sólo por recordarnos (aunque de forma muy distinta a “Her”) los efectos de la distancia y las tecnologías en nuestras vidas móviles, de migraciones en circunstancias variadas donde parece que basta irse a otro sitio para que todo empiece desde cero (como si nuestras biografías, nuestros cuerpos y nuestras más o menos sustanciadas subjetividades se quedaran en otro lugar). También merece la pena ver cómo, a pesar de tratarse de una historia donde se cuida la paridad de los sexos (arranca con una escena de cama muy íntima donde ella se sitúa arriba, toda una declaración), las sutiles formulaciones patriarcales del poder siguen vivas. Imagino que la presencia de una guionista (Clara Roquet ) habrá influido en una historia donde la vida de él, el formato que deseaba y esperaba le parecía el único posible y aunque no tuviera ningún plan profesional claro, no estaba dispuesto a que fuera la vida de ella la que marcara el “devenir pareja”. En fin, el modelo conocido del amor como juego de poder. La historia también profundiza en las relaciones sexo/amor, particularmente en cómo cuando el proyecto común que sostiene se acaba, no hay sexo que valga que lo pueda “apañar”.

El trasfondo es la Barcelona sin oportunidades post-crisis frente a los L.A. de USA, en apariencia en plena ebullición artística. También hay escenas que hablan de la rabia y de qué se puede hacer con ella y no se debería (por sus efectos), de la frustración por la dificultad de comunicación, de los celos y de qué pasa cuando lo que nos preocupa y toca personalmente, deja de ser lo que le preocupa a la otra persona. Qué hacer cuando dejamos de “ser (tan) importantes” para la otra persona, una de las expectativas centrales del amor romántico.

Lo peor, para mí, de la película es que te deja con un sabor algo amargo, quizá frustrante de que hasta en las circunstancias más favorables de los amores parejiles, cuando parece que dos se quieren “de verdá”, la relación puede deshacerse, fluidificarse, como si el amor fuera “líquido”, o más bien agua sucia de la que hay que desprenderse . Um, no se ¿será que aún me queda residuo de la ideología romántica y es por eso que ese final de desagües no me satisface? ¿O será que el guión es inconsistente y se hace difícil creer que una relación como la que se pinta pueda descomponerse en unos meses como por arte del birlibirloque virtual y el proyecto profesional? Lo mismo simplemente es que me dejó la sensación de ¿y tanto gasto emocional para este final sin sostenimiento? Cada día me gusta más el reciclaje y la sostenibilidad… también en la afectividad.

Si vais a verla, decid que tal .

Rosa Medina

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